miércoles, 25 de mayo de 2016

Reportaje: ignorados en la vida, aplaudidos en la muerte



IGNORADOS EN LA VIDA, APLAUDIDOS EN LA MUERTE


A lo largo de la historia, son muchas las personas que han realizado un descubrimiento totalmente revolucionario para el mundo. Pero el proceso para que un descubrimiento cale en la sociedad llegando a cambiar la concepción que el mundo tiene es realmente difícil. Muchas son las invenciones que ayudaron a cambiar la sociedad y, en la mayoría de las ocasiones, fueron rechazadas. Unas veces por miedo, ya que la mayoría de la gente no está acostumbrada a que modifiquen las bases ideológicas que uno mismo tiene. Otras veces por interés, ya que hay sectores de la población a los que no les interesa que nada cambie, ya que su situación es privilegiada. Por tanto, cada descubrimiento o invención ha de pasar un proceso de aceptación o reconocimiento social que puede llevar años. Tantos, que el descubridor no llegue a presenciar por haber fallecido.

A través de los siguientes casos, me gustaría recordar a una pequeña parte de todas esas personas célebres que han pasado a la historia por sus descubrimientos, otorgándoles así la fama y el privilegio que jamás llegaron a conseguir en vida por una población que no supo ver la importancia de estos hallazgos.

Un español que revolucionó por completo el pensamiento de la historia y del arte, un italiano que fue obligado a rectificar sus correctas afirmaciones sobre la astronomía ante un tribunal para librarse de la muerte y un británico que salvó miles de vidas mientras que cambiaba la tecnología tal y como se conocía por aquel entonces. Los tres tienen algo en común: a pesar de que sus contribuciones fueron de gran ayuda para la vida actual, sus actos no fueron reconocidos a tiempo. Ese mismo tiempo que, años más tarde, juzgó y aplaudió sus actuaciones, que maravillaron al mundo.


MARCELINO SANZ DE SAUTUOLA Y LA CUEVA DE ALTAMIRA

En la cueva de Altamira se conserva uno de los ciclos pictóricos más importantes de la prehistoria. Se trata de la muestra más antigua de arte paleolítico encontrada hasta hoy.

Descubierta científicamente en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola, éste fue capaz de de reproducir una copia de las pinturas, la cual publicó en una pequeña obra llamada Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander. Como era de esperar, la publicación causó un gran impacto, ya que no se esperaba que nuestros ancestros de la prehistoria tuvieran un nivel cultural de tal calibre.

Como ante prácticamente todos los descubrimientos, la reacción por parte de la sociedad fue negativa. Entre sus contemporáneos, el rechazo a considerar que esas pinturas eran prehistóricas fue total. Llegó a decirse incluso que esas pinturas las habría hecho un pintor contemporáneo mediocre, poniendo en duda la veracidad del descubrimiento de Sautuola.

Sautuola consiguió pocas personas que apoyaran su tesis. Más concretamente, recibió el apoyo de dos personas que secundaran su descubrimiento: El valenciano Juan Vilanova y Piera, catedrático de Paleontología en la Universidad de Madrid; y el sevillano Miguel Rodríguez Ferrer, quien publicó en una famosa revista un extenso artículo defendiendo la veracidad de las pinturas en 1880.

En cambio, la reacción de la mayoría fue reacia. Dos arqueólogos franceses pertenecientes a las autoridades en Prehistoria como eran Gabriel de Mortillet y Cartailhac, en el congreso internacional de Lisboa de 1880, mostraron su total rechazo a reconocer que las obras pictóricas de la cueva fueran prehistóricas. De la misma forma, historiadores y paleontólogos reconocidos en España también lo negaron.

Así, la Sociedad Española de Historia Natural y la Institución Libre de Enseñanza decidieron rechazar la antigüedad prehistórica de las pinturas y se limitaron a atribuirlas a otras causas. Por lo tanto, el caso se dio por concluido y las pinturas de Altamira no se volvieron a tener en consideración ni a citar en los veinte años siguientes. Altamira se sumó en el olvido, pasándose por alto un descubrimiento científico que más tarde cambiaría la concepción del arte y de la historia de la vida contemporánea.

Y no se volvió a saber prácticamente nada de aquellas pinturas de Altamira hasta 1895, año en el que se descubrieron otros grabados en Francia. A través del trabajo de Henri Breuil, que encontró otras manifestaciones de arte rupestre similares, las pinturas de Altamira retomaron el valor que siempre habían tenido pero que sólo ahora comenzaban a otorgarle. Por desgracia, Marcelino Sanz de Sautuola (el descubridor científico) ya había fallecido un par de años antes. De esta forma, murió sin recibir el mérito que tuvo su labor para la historia del arte.

Ya en 1902, el arqueólogo y prehistoriador francés Cartahilac realizó una publicación en la que entonaba el “mea culpa” tras cometer el error de no haber aprobado la tesis que se le había presentado unos años antes. A partir de ese mismo momento, la cueva de Altamira adquirió un reconocimiento universal, convirtiéndose en un icono y en el destino perfecto de quienes querían conocer el origen del hombre.

Desde entonces, el número de visitas no ha dejado de crecer año tras año y se tuvo que adoptar un estricto programa de conservación de la cueva y su entorno. A día de hoy, es Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO.




GALILEO GALILEI Y EL HELIOCENTRISMO

Otro caso famoso es el del italiano Galileo Galilei. Considerado como “el padre de la astronomía” o “el padre de la ciencia” estudió, defendió, afirmó y corrigió la teoría heliocéntrica propuesta anteriormente por Nicolás Copérnico.

Galileo, gracias a un antiguo alumno, consiguió crear un telescopio que aumentara seis veces la visión de los objetos que miras a través de él. Con el paso del tiempo y las distintas pruebas, mejoró el instrumento que quería crear y consiguió un telescopio que aumentara veinte veces la visión de los objetos. Fue a partir de este momento cuando comenzó a observar los astros a través de él.

Descubrió los distintos ciclos de la luna mostrando así que el astro no era perfecto, tal y cómo lo creía la teoría aristotélica. Fue hacia 1610 cuando descubrió, observando los astros durante una noche más, que Júpiter tenía 4 estrellas que lo rodeaban. Para él, Júpiter y sus satélites eran un modelo de sistema solar. Gracias a ellos, piensa poder demostrar que las órbitas de cristal que defendía Aristóteles no existen y que los cuerpos no giran alrededor de la Tierra. Se trata de un golpe muy duro a los aristotélicos y una dura corrección a algunos copérnicos que pensaban que todos los cuerpos giraban alrededor del Sol.

Por tanto, pudo comprobar científicamente que la teoría geocéntrica era errónea y plantea por primera vez, con pruebas evidentes, la teoría heliocéntrica: la Tierra orbita alrededor del Sol.

A pesar de que recibió el apoyo de astrónomos como Johannes Kepler, la oposición a su teoría se organizó rápidamente. Los adeptos a la tesis original, estrechamente ligados a la Iglesia Católica en esos tiempos, no tuvieron buena reacción y le prohibieron hablar o escribir sobre su teoría.

Finalmente fue juzgado por la Inquisición, que le obligó a retractarse y le condenó a un presidio domiciliario perpetuo. De esta forma, Galileo tuvo que retractarse para evitar la muerte. A pesar de ello, cuenta la tradición que, al concluir el juicio, dijo en un tono de voz muy bajo “Eppur si move”, que traducido al castellano quiere decir “Y, sin embargo, se mueve”.


ALAN TURING Y EL CÓDIGO ENIGMA

Alan Turing era un científico británico que actualmente es considerado padre de la informática y visionario de la inteligencia artificial. Como precursor de la informática moderna, proporcionó una influyente formalización de los conceptos de algoritmo y computación con la máquina de Turing, un dispositivo particularmente útil en la explicación de las funciones de una CPU dentro de un computador. Pero, sorprendentemente, este es sólo uno de los avances con los que este hombre contribuyó al desarrollo.

Su principal aportación fue el código Enigma. La máquina Enigma era una máquina de cifrado rotatorio que utilizaban los alemanes para cifrar sus mensajes de radio. En 1939, Turing fue convocado a las instalaciones militares donde se encontraba el Servicio Británico de Descifrado. Su misión era descifrar los mensajes cifrados de las comunicaciones alemanas, que se enviaban en código morse con esta máquina.

El resultado fue fantástico: las estadísticas dicen que consiguió acortar la guerra en casi dos años. Con su dura investigación y el tiempo invertido, Turing consiguió descifrar muchísimos mensajes alemanes durante la guerra con otra máquina que inventó el mismo y que posteriormente produjo en cadena bajo el más absoluto secreto. Llamó a la máquina Bombe, y para crearla tuvo que esbozar cientos de páginas de textos y fórmulas matemáticas. De esos apuntes, de los cuales algunos serían redactados en su libreta personal, saldría posteriormente toda la base de la informática moderna.

Turing diseñó lo que podría haber sido el primer ordenador moderno en 1945, pero el Laboratorio Nacional de Física no le proporcionó los medios para construirlo. De hecho, se rumorea que alrededor de 1950 diseñó varios programas de ordenador, entre los que se encontraba uno dedicado al ajedrez.

Un par de años más tarde, Turing recibió una condena de 61 años por haber reconocido sus prácticas homosexuales (reconocido como delito en Gran Bretaña hasta 1967) y fue castrado químicamente a través de las inyecciones de estrógeno. Ya en 1954, el cuerpo de Turing apareció muerto en su cama con altas dosis de cianuro, por lo que se dedujo que se había suicidado.

El gran mérito que este hombre tuvo en vida no fue reconocido por un secreto militar. Lamentablemente, en aquella época los sistemas tecnológicos no eran tan avanzados como lo son actualmente y su brillante descubrimiento no fue tratado como tal. Además, sufrió una condena durísima únicamente por confesar su homosexualidad. Injusto fin para un hombre que salvó miles de vidas y que introdujo al mundo en la informática actual.


Carlos López Ezquerra

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